Sé el principio…me lo sé de memoria…lo he recordado, lo recuerdo y lo recordaré siempre… pero nunca sé el final…no hay final…es un continuará constante… hasta esta vez (¿)
Nos conocíamos y nos reíamos mucho. A él le gustaba vacilarme, demasiado.
Teníamos 20 años la primera vez…y fue mágico. Como lo es siempre. A esas edades y con todo lo que implicaba. Pero ese año fue especialmente increíble. La forma de entendernos. Aún ahora me pregunto cómo podíamos estar horas comunicándonos cuando él ni palabra de español y en aquel momento mi nivel de francés tampoco era notable.
La despedida fue triste. Un “hasta pronto”. Nunca quisimos sacrificarnos. Nunca hubo un planteamiento serio. Estamos juntos el tiempo que estamos juntos.
Yo volví. Y todas las veces fue igual. Daban igual las circunstancias. Siempre había un momento para estar solos, para estar juntos. Nunca fuimos capaces de luchar contra nosotros mismos, siempre nos dejamos llevar
Hace dos años fue diferente. En todo. Hubo sacrificio. Hubo ganas. Habíamos pasado demasiado tiempo sin vernos, sin estar juntos. Nos necesitábamos. Y se vino. Dos veces.
Pero sólo fue una tregua. Una ilusión.
Habían pasado 10 años. Ya teníamos 30 y dos hijos. Yo embarazada de mi niña. Él, con la suya, de tres años. Me ayudó y me apoyó mucho…pero creo que yo poco a él.
Parecía posible. Algunas veces así lo creímos. Pero no lo fue..no lo es.
Y, otra vez, quedan los recuerdos (siempre evocados con una sonrisa dulce, jamás amarga e, incluso, con risas…con carcajadas), quedan unas fotos preciosas, alguna carta de amor enviada con calma, notas escritas rápidamente con el corazón en el boli y la servilleta de cafetería antes de decir au revoir…otra vez, alguna canción y muchas ilusiones.
Él es mi Bogart…su sonrisa cínica, canalla y chulesca pero con ese punto romántico que le hace irresistible. Sus vaciles.
Siempre se paga un precio. Yo me alegro sinceramente por él. Me alegro de sus cambios. Pero soy uno de sus precios. Me quedé fuera. Pero lo que más pena me da es que creo que se quedó algo de su alegría, de su eterna adolescencia (eso es madurar, no? Supongo que es lo que necesitaba).
Pero, otra vez, no hubo un lapidario “ya no te quiero”, “no puede ser”, “sólo amigos”…esta vez, el final (no-final) fue la nada. Y, además, me niego a recordar la última vez que lo vi. La indiferencia por ambas partes. No. No somos eso. Nunca lo fuimos.
Despedirse es morir un poco. Yo sé que algo mío se murió con esto. Espero que sea sólo un poco.
Confidentiel, de Jean-Jacques Goldman. El montaje es horroroso. La imagen es de lo peor y la tipografía, en fin, en fin…pero como no tengo pensado hacerlo mejor y, encima, sale la letra pues… es lo que hay.




