La diferencia fue el silbido. Pero volviendo Daniela y yo del pan nos cruzamos con Vi que venía a buscarnos con la cámara. "Es que ya no quedan"

Daniela alucinaba. ¿Por qué no anda la bici aunque le dé a los pedales?
Charlamos un rato con él y le explicábamos a Daniela de qué iba ese trabajo. Aunque dijo que venía regularmente yo hacía muchísimo que no veía uno.

De hecho, desde pequeña. El silbido. ¡Afiladooor! y mi madre y las vecinas que bajaban cuchillos y tijeras.Pero este señor ya no silba. Tiene algún cliente fijo y, de vez en cuando, algún curioso como nosotros pero ya no se oyen silbidos porque ya no necesitamos afiladores