El viernes me entero que el martes tengo un viaje de trabajo con el que no contaba.
Fue un fin de semana a cuatro con alguna complicación pero con momentos divertidos. Como el punto de Angie de disfrazarnos los tres para ir a buscar a Daniela al cumple que tenía (mi hija tenía no una, sino dos fiestas el mismo día; una de Halloween y el cumple de mi sobrino que lo celebraron el domingo) fue al cumple y la fuimos a buscar con la cara pintada..
Me acordé muchísimo de Alma Máter porque llamaron a nuestra puerta con caretas de Scream y gritando "truco o trato". Les tiré por la ventana las chuches que tengo y que nunca sé que hacer con ellas porque son las que no le gustan a Daniela de los conos de los cumples. Hice limpieza. Genial. Debí ser la única del pueblo porque por la tarde volvieron los mismos niños.. y a estos los recibieron ellos dos ya disfrazados y pintados dándoles un susto (y más chuches, claro)
Por otro lado, el lunes fue un lunes bastante negro. Fue un lunes de disgustos, de lágrimas, de incomprensión, de información que desearía no tener, de decisiones que no puedo tomar porque no hay. Y llegué a la conclusión de que tengo dos objetivos: educar a mi hija (que me está costando un huevo) y hacernos fuertes nosotros dos. Lo que se viene encima es más que probable que nos mine. Que nos haga entrar en el juego fácil de descargar en la pareja o culpar a alguien que no tiene culpa. No llevamos tanto tiempo juntos como para saber evitarlo con facilidad. Así que lo tenemos claro. Y, por lo menos, estando juntos en todo seremos más fuertes para la que está cayendo.




