Parece que la voy viendo... el invierno está guardado, esperando que en septiembre lo instalemos en la casa nueva. Y el verano lo tengo en el piso "de veraneo"(no vacaciones) Este año no está en la playa pero está en el centro. Bien de precio (es de un amigo). A estrenar. Pero un poco incómodo. Y donde tendremos que adaptarnos los cuatro a vivir sin ser nuestro ambiente porque todos nos sentimos un poco extraños en él. Aunque el otro día, cuando entré pensé "ya estoy en casa"
La mía. La otra. La que dejé. No me dio pena porque estaba deseando acabar la mudanza. Pero es cierto que hay una cierta nostalgia. En esa casa, piso, apartamento crecimos como familia. En casa de mis padres estábamos bien pero aquella era "nuestra casita", nuestro refugio. Donde la vi convertirse en niña y dejar atrás al bebé. Donde, la verdad, es que nos pasaron muchas cosas. A ella y a mí. Donde, en definitiva, vivimos estos dos últimos años que no parece mucho tiempo pero fueron muy intensos.
Esta semana fue un caos. Fin de una mudanza, acomodación de cosas en el piso nuevo. Trabajar. Horario de verano. Me tengo que levantar mucho más temprano, por el nuevo horario y por la distancia (sólo para el verano). Así que hasta ayer, Daniela se quedó a dormir en casa de mis padres. Cuando ayer la fui a buscar después de trabajar no usé la llave y me vino a abrir ella la puerta. Me mandó esperarla en el recibidor "Tú no te muevas" y se fue corriendo. Volvió con un sobre (una carta que llegó a casa de mis padres), corriendo y me dice al entregármela "te quiero mucho".. me emocioné , me agaché, la abracé y se quedó allí. Ya no se quiso despegar. Ni despedirse de mis padres que los adora. Nos echábamos de menos. Mucho. Y ayer fue la primera vez que dijo "te quiero".