El fin de semana de Madrid fue genial.
La boda fue estupenda, con una novia espectacular. (Las amigas de la novia, también y todas, sin excepción, aguantaron los tacones unas cuantas horas; también todas, sin excepción, se cambiaron de calzado para seguir la fiesta)
Pero es que, además, hubo compra de zapatos exprés en Augusto Figueroa, comida fuera de hora en la Mucca, gin tonic de media tarde en la plaza de la Luna..
Cuando todo ello se hace acompañado de buenos amigos, de gente con la que divertirse, con la que charlar; un minuto estás hablando de un proyecto vital y otro echas de menos el Motorola Startac...
Pero es que, además, estábamos en la Latina en un hotel absolutamente recomendable gracias al cual me entero de un nuevo concepto (para mí, se ve que el concepto es conocido desde los años 80); el hotel boutique, en nuestro caso, La posada del Dragón.
Para mi gusto un nombre bastante feo pero es que se respetó el original; así se llamaba la posada del S. XIX y así se llama el hotel boutique del S XXI, una corrala totalmente reformada y restaurada, respetando la tradición pero llena de encanto y modernidad. El personal increíblemente amable, da gusto.

La posada se construyó sobre la muralla árabe de Madrid, del S XII (creo haber entendido) y el hotel se reformó sobre ella, con suelos de cristal para poder disfrutarla. Con el cielo de Madrid sobre la puerta de la habitación. Y con un restaurante de lo más recomendable (si lo sé es porque allí comimos el domingo, en la Despensa, sólo para nosotros)
Y, de paso, me entero de que un "speakeasy" era como se llamaba a los sitios de venta ilegal de alcohol durante la ley seca (en USA) y que en Madrid hay uno (que yo sepa). Yo quería ir al chill out de la Musa de la Latina pero ya no existe y, en su lugar, nos encontramos con un Junk club, cuando nos pidieron la contraseña casi nos morimos de la risa, una vez averiguada y unas cuantas risas más tarde nos tomamos uno de sus cócteles ( Zico en Japón, para mí) y pasamos la tarde al fresco en un ambiente realmente agradable.

Pero, además, por la mañana paseo por el Rastro, curiosear por las tiendas de muebles... una de ellas está en liquidación y escuchar al dueño es una maravilla... aunque da pena ver cómo algunas cosas se acaban...

(dibujo de las Galerías Piquer, no encuentro el autor)
Madrid nos agotó. Paseamos, charlamos. Disfrutamos de la ciudad, de La Latina esta vez. Pero, sobre todo, de la gente. De los amigos. Del gusto que da ver cómo da igual el tiempo que pase las cosas permanecen...cómo hay gente que te hace sentir bien sólo por estar con ellas.