El
suelo de azulejos, tipo hidráulico. Las estanterías de madera y en la parte
superior todos los botes de botica antigua. Todo restaurado, impecable. Bustos
del fundador de la farmacia. La misma distribución.
Cuando entro, un poco entro en un pasado cercano. El mío. Un
pasado donde me ponía de puntillas y mis ojos asomaban por encima del sobre de
mármol del mostrador, que aún sigue ahí. Me encantaba mirar, aquello estaba
lleno de botes con nombres increíbles. Pero es que, además, siempre tenían un
chiste para los niños.
Los mancebos siguen siendo los mismos. El farmacéutico se jubiló
pero sigue su hijo.
Ese trato cercano y amable sin invadir la intimidad es realmente
difícil de conseguir. Y aquí lo tienen.
Pero es que, además, mi hija se encarama al mismo mostrador. Pone
la misma cara y le llaman la atención las mismas cosas. La conocen por su
nombre. La tienen completamente fidelizada. A los niños les dan
bolsitas con 4 gominolas, o una piruleta. En Semana Santa la piruleta tenía
forma de cofrade.
Con lo que cuando hay que ir a la farmacia, Daniela siempre dice
lo mismo "Pero a la que me dan chuches"
Foto de una botica de La Palma de 1905; pero la "mía" es muy, muy parecida. Y aún más antigua, por cierto.
Tercera entrega de la serie Sitcom: la primera, un café; la segunda, en Correos.
