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jueves, 10 de mayo de 2012

Piedra, papel, tijera

Unos se comen a otros pero 



Source: google.nl via Lars on Pinterest



O pequeña losa, es necesario reducir gastos; macroeconomía, microeconomía, da igual, los resultados son los mismos. 






En forma de recortes, los viajes a Coruña semanales para dar clase, transformamos coche en tren, ajustamos horarios...






Todo lo que gano. Porque en este caso el balance es positivo. 


Papel del libro que, por fin, pude acabar. Papeles de los libros que podré leer, sin remordimientos, ni cansancio. 


Papel como símbolo ecológico, contamino menos.






Hacía años que no usaba el transporte público como rutina, desde los tiempos de Madrid. 
Desde que volví, los viajes en tren o bus eran esporádicos y se correspondían más con "aventuras" que con una necesidad. 


Ayer volví a esa rara sensación, un poco borreguil lo de subir y bajar juntos, a la vez. Salir todos de la estación. El extraño baile en los buses moviéndonos para no tocarnos demasiado. 


Pero todo lo que gané. Tiempo PARA MI. Un lujo. En el coche la tensión y la concentración no permiten disfrutar de la misma forma del viaje, sobre todo, cuando siempre llevas el "llego tarde" pegado. Y los paseos desde las paradas hasta los destinos. Porque no voy justa sino que tengo tiempo. Y más ahora, que por fin salió el sol y parece que quiere llegar la primavera. 




Piedra, papel, tijera... el papel gana a la piedra. 




lunes, 18 de julio de 2011

El tren


Mis recuerdos están muy ligados al tren. Y me encantaba ir en él. Me gustaba ir a buscar a mis abuelos a la estación. Nuestros viajes habituales eran ir al pueblo donde vivían mis abuelos (más bien, ciudad) y a Vigo. Dos o tres veces al año íbamos a Vigo, "de compras". Más tarde llegarían aquellas torturas psicológicas y/o psicothrillers llamados Talgo Santiago-Madrid, Chamartín, pero sería otra historia.

Y yo tenía muchas ganas de llevar a Daniela. Hay un trayecto, hasta Vilagarcía, que me parece precioso. De hecho, con esto de las líneas de Alta Velocidad que están horadando mi tierra dicen que desaparecen estas líneas "de siempre".


Foto de AgrupoCarril

Y por si las moscas y aprovechando las circunstancias, por fin, el sábado Daniela y yo subimos al tren. No es su primera vez. Pero conmigo en este cercanías, sí.

Y creo que aluciné yo más que ella. Es más, ella no alucinó nada. Le gustó, como le gusta todo lo que hacemos pero le pareció de lo más "normal". La que estaba alucinada era yo. Con los trenes. Con los vagones. Con los espacios para maletas. Con el descansillo de la puerta. Con la rapidez con que llegamos pero que desde el vagón no lo parecía.


El trayecto sigue siendo uno de los más bonitos del mundo (sin conocimiento de causa) y esa entrada en la ría, con la marea alta donde parece que estás viajando sobre el mar… tiene magia

foto de Samuciencias, en flickr